
Porque es ella la única que saldrá por la puerta que un príncipe dejó abierta para que otro -algún día- derrote a la sangre con racimos de plata sobre sus hombros.
No importa que sean mansos y descastados los toros de la memoria. Ya recibirán su merecido ellos y aquellos que se encargan de hacer infeliz a la dama. Tampoco me preocupa si el genio olvida en alguna parte de su mente -allá a lo lejos, entre arrozales y espuma- la lámpara que nos guía hacia el "eje de la vida sublime" que algunos llamaron peligro. Tarde o temprano será suyo el cetro porque así está escrito. Todo es cuestión de paciencia, de temple...y de ésto último anda sobrado.
Por eso, siempre es especial entrar en ella, pase o no pase nada dentro. Hacerle el amor mientras se duerme, como se quiere a la luna cuando se preña de mar, es el mayor de mis privilegios. Guardar silencio mientras el sainete de la vida se juega en la badana de una montera que cae en el albero, mi plegaria y adoración. Gozarla es vivirla cada vez que la olemos y es el barniz de su madera la mejor pátina que el tiempo puede legar a mis futuros hijos.
Aunque no guste lo que veo, siempre la quiero.
Entrar en ella es mi pecado favorito.