21 de septiembre de 2010

Labordeta o el llanto de la tierra.

Estos días hemos recibido una triste noticia que, por anunciada, nunca deja de sorprenderte, de helarte la sangre. Tan helada queda a veces que ella misma prende, inerte y amenazante, como esos carámbanos que tintinean en el techo de cualquier gruta que nutren nuestra Península.
Y es que así de dura y efímera es la vida. Siempre dando, a diestro y siniestro, una de cal y cuatro de arena. Batiendo implacable al viento que amenaza desde la colina nevada, desde las riberas fluviales, desde los mantos verdes que forman los olivares sobre la campiña...
Hoy la tierra, nuestra tierra, la tierra de todos, porque precisamente a nadie pertenece, llora en barbecho la letanía de los aperos guardados en la casetilla y son los ángeles los que cubren con sus alas, desde Aragón al Bierzo, el Maná que cae del cielo para nutrir nuestra vida en pequeño calabobo.
Los caminos y veredas, la plaza del pueblo y las cañadas reales notarán que cada vez se pisa con poca fuerza y menos amor. El hombre no concibe su fugacidad, comparándose estúpidamente con el horizonte. El desprecio a la raíz será el que termine por contaminarnos la sangre, llenando de hierro oscuro nuestras pupilas.
Los pueblos de España están tristes y se apartan con el pudor orgulloso que tienen los oriundos para llorar a sus muertos, siempre del portalón para adentro.
Ya nunca más caminarán sobre sus tierras con el amor que lo hacía Labordeta.

11 de septiembre de 2010

De Madrugada


La noche desenlaza el nudo, como siempre.
Ajústate las ganas y da la media vuelta.
No quiero que me veas, destesto que me toques
y planches con rutina mi traje de domingo.

4 de septiembre de 2010

Vuelta del verano


¡Ya tenía ganas de volverme a encontrar con el miedo del Word en blanco!
He de deciros que lo echaba en falta, lo necesitaba tanto como este tiempo de barbecho literario que he encargado de rellenar con energía y espuma de olas. La vida sin obligaciones descansa, pero también abruma y ahora toca ajustarse de nuevo la montera y agarrar la esclavina del tiempo con la vergüenza torera que sólo los hombres saben apreciar.
¿Qué deciros de mi retiro veraniego? Todo lo que pueda contaros es poco. Se ha vivido casi de todo porque, afortunado de mí, tiempo he tenido más que de sobra. A veces, esa vergüenza de la que antes os hablaba me nubla la frente pensando en la conveniencia y lo inmerecido que se me ofrece todo. Quizás sea injusto y, tarde o temprano, como a todo cerdo, me llegará el día de San Martín...
A lo que iba: mis vacaciones largas e intensas. He tenido tiempo para casi todo y apenas he hecho nada. Algo de deporte, eso sí, y mucho de buenos sueños –y malos- que a la mañana siguiente se evaporaban con la bruma del horizonte. Charlas, arena, paseos…algunas ideas y algún que otro desencanto. La neutralidad y el tiempo libre es lo que tiene…también han sido días de lecturas livianas, de esas que me gusta definir como “cachondas”, mención especial tiene Don Luis Carandell, al que he vuelto a redescubrir con su intacta sorna del castizo catalán que siempre será. He visto toros, tomado el sol, andado cañaverales y he soñado con realidades que algún día espero cumplir…he echado de menos a gente y he tenido amigos que me han llamado cuando he necesitado desconectar de tanto almíbar. ¡Qué buenos y qué oportunos son los de verdad!
Aún así, ya todo forma parte de un pasado en el que la mar se ha ido encargando de dibujar a su antojo con la paleta de sus diferentes azules y verdes. El olor a salitre o las piedras de la orilla quedan como recuerdo de una vida que he empezado a amar frente a la soledad de la marea. Ahora queda el contacto con el cemento y la lucha contra el tubo de escape, con toda la fuerza del toro cárdeno de mis días…

14 de julio de 2010

Tras la resaca


Después de estos días de vino y rosas, esos que hacen patria y afición, el ruedo de la actualidad se centra en un Congreso con zumbido en los oídos y olor a calimocho.
Es la hora de hablar de política. Ya no tendrán detrás la ayuda de héroes que les echarán un capote para taparles las vergüenzas a aquéllos que también nos deben hacer sentir orgullosos. Complicado oficio, máxime después de la hazaña, es ilusionar y hacer creer que la unión es posible frente a las adversidades; pedir peras a un olmo machadiano, frío y seco, que bendice con una mano y con la otra ahoga.
Zapatero, cual Casillas, debe parar los goles que por la banda derecha se van cocinando. Tal vez un guiño – y quién sabe si un beso- tendrá que dar para amarrarse una credibilidad muy entredicha por una nefasta gestión impropia de un gobierno que por bandera lleva el “tifo” de lo social. Mucho han de cambiar las cosas para remontar este partido en el que estamos perdiendo todos, especialmente los que vemos desde la grada un espectáculo que huele a amaño.
Por su parte, el ¿lider? Rajoy tiene que atarse bien las botas y soltar un patadón que aleje de su área una jugada que se le complica por momentos. Aún no bastando con su tarea en defensa, tiene que crear juego, ilusión y además rematar a un adversario con la misma certeza que Villa clava el cuero dentro de la portería. ¡Qué lástima que presupongamos demasiados talentos al bueno del gallego!
De todas maneras, aunque nuestro futuro como país se amasa en la línea medular de la Carrera de San jerónimo, a más de uno les convendrá que sigamos teniendo la mente en la hazaña, en los chistes de Reina o en las lascivas caderas de Shakira.
Total, si al fin y al cabo, este país está construido por sueños…

21 de junio de 2010

Uno más en la familia.

(foto: archivo Barcaiztegui)
Siempre lo recuerdo a nuestro lado. Callado, observándolo todo. Una especie de guardián que, desde su marco de madera, nos protege del frío que más allá del quicio siempre nos amenaza. A Él acudían las pupilas cuando buscaban un aliento que confortara más que los abrazos y, a veces, jugaba la curiosidad del niño a encontrar una mueca que le mostrara, de una vez por todas, la sonrisa de Dios en el salón de su propia casa.
Seguía siendo y es, mitad Cristo y mitad padre. Fedatario de cumpleaños y confidente de sueños. Uno más en la humildad del morado callado de tinta y revelado.
Esta tarde no podremos ir a verlo en persona para contarle el sinsabor de la mañana y su rostro dejará huérfana la hornacina. Pero son sólo días su ausencia, no temáis. Los suficientes para llenar con trigo nuestras manos y perdón nuestros costados.
Mientras tanto, le hablaré con los ojos a Aquél que comparte mesa y mantel con los míos. El mismo que va marcando con su Gran Poder el ritmo de todos los días de mi vida.

9 de junio de 2010

El sobrero


El Clarín toca y me ajusto la montera. Es hora de volver. El sobrero está en la Plaza....

28 de septiembre de 2009

Entrar en ella

Por poco que se haga siempre es especial entrar en ella.
Porque es ella la única que saldrá por la puerta que un príncipe dejó abierta para que otro -algún día- derrote a la sangre con racimos de plata sobre sus hombros.
No importa que sean mansos y descastados los toros de la memoria. Ya recibirán su merecido ellos y aquellos que se encargan de hacer infeliz a la dama. Tampoco me preocupa si el genio olvida en alguna parte de su mente -allá a lo lejos, entre arrozales y espuma- la lámpara que nos guía hacia el "eje de la vida sublime" que algunos llamaron peligro. Tarde o temprano será suyo el cetro porque así está escrito. Todo es cuestión de paciencia, de temple...y de ésto último anda sobrado.
Por eso, siempre es especial entrar en ella, pase o no pase nada dentro. Hacerle el amor mientras se duerme, como se quiere a la luna cuando se preña de mar, es el mayor de mis privilegios. Guardar silencio mientras el sainete de la vida se juega en la badana de una montera que cae en el albero, mi plegaria y adoración. Gozarla es vivirla cada vez que la olemos y es el barniz de su madera la mejor pátina que el tiempo puede legar a mis futuros hijos.
Aunque no guste lo que veo, siempre la quiero.
Entrar en ella es mi pecado favorito.

19 de septiembre de 2009

De vuelta a los ruedos.


Antes de nada, quisiera pedir perdón.
Perdón a aquellos que me leéis y a aquellos que se aburrieron esperando en el tendido el natural que nunca llegaba. Perdón a quien apostó por mí porque quizás puso demasiada confianza en quien no debía (no hay mayor decepción que apuntar alto y caer de bruces en albero alisado, con olor a pueblo y a miseria). Perdón, porque es palabra bella, viva, clara, sincera; que nace del corazón para fundirse, entre la boca y el aire, con jirones de aurora en su camino a tus oídos.
Por eso, en este tardío comienzo de curso, quiero pediros perdón por los días que dejé en blanco el libro de mis historias; por haberos hecho perder la curiosidad cada vez pinchábais al enlace de mi blog...perdón por muchas cosas.
Perdón y gracias por reencontrarme. ¡Qué bueno veros de nuevo!

16 de julio de 2009

Soleá de agradecimiento, confianza...y algo de perdón


Arriba, todos me esperan.

(Espero que sean pacientes

porque olvidé la escalera.)

2 de julio de 2009

Mi puesto preferido


Mercado de mi barrio, repleto estás de puestos:
fruterías, pescado, carniceros, de flores…
pero entre todos ellos, me quedo con algunos
que no vocean productos, pasando inadvertidos.
Me embobo y los observo bajo faldas de lino
como si éstas borraran mi imagen de la tierra.

Puestos que no madrugan para ir a la lonja.
Su género se compra bajo las almohadas.
Se vende en poca dosis y en tarros de cristales:
Si se consume mucho, debes guardar reposo.
No es bueno que te vean riendo todo el rato,
jugando con los niños o cantando a los Rollings.
Este mundo de deudas no sabe de sonrisas,
de baile o de mudanza de piel a corto plazo.
Te tomarían por loco, creerán que estás drogado
y terminarán siempre registrando aquel puesto
Que nunca antes lo vimos y nunca antes compramos.
Precintarán su puerta. Cerrado sine die…

Para vender abrazos, amor o compañía,
debes tener primero los papeles en regla.