25 de febrero de 2011

No comprendo la revuelta árabe

Durante estos últimos días, hemos venido asistiendo como espectadores del "nuevo show televisivo" que acontece en esos países árabes que nada tienen que ver con nosotros y nuestra forma de vida.
Y es que para nosotros no dejan de ser más que eso: lugares lejanos, a veces exóticos, que nos siguen soprendiendo por su vehemencia y el exceso de crueldad con el que aplican las leyes. No es extraño ver cómo muchos progres contemporáneos muestran publicamente su aprecio cultural y político, abrazando sin tapujos a todo aquello que huela a cachimba y chilaba, sin pararse a pensar en lo opuesto que resulta a todo lo que ellos pregonan.
Sin embargo, toda esa tensión desatada en el epicentro mundial petrolífero, no deja de tener repercusión en nuestras vidas, y aunque suene fuerte (y jodidamente soez desde el punto de vista humano), cada pedrada o cada tiro que se escapa en la Plaza de Tahrir, repercute muy directamente en nuestra vida diaria y en el suministro energético -y, por ende, a nuestra ya maltrecha situación económica-.
Los países occidentales democráticamente avanzados, hemos ungido con nuestras sonrisas las proclamas con las que los jóvenes tunecinos alcanzan el odio en estado de ebullición. No obstante, siempre me queda la duda rondando por la cabeza y me pregunto qué es lo que nos ha hecho cambiar de parecer y luchar por las causas justas de aquellos que se enfrentan día a día con sus miserias.
¿Altruísmo?, ¿anhelo de cambios y progreso?, ¿ayudar a soportar con nuestros hombros el pesado mástil de la bandera de la libertad?
No tengo respuestas a ninguna de estas preguntas que me planteo desde este lado del río. No llego a comprender la manera por la que enpequeñecemos nuestras soberbias en pos de una noble causa. Sencillamente, no me las creo.
Y no lo hago porque hay gestos que se me escapan de mi concepción racional de las cosas. Si no, explíquenme, si pueden, el sentido de todas las imágenes que a continuación les acompaño. Me serviría de gran ayuda.